martes, 8 de diciembre de 2009

Don auto amarillo, una acera burdeo, aire de pino fresco, un jardín que pocos se preocupan en conservar al post-ataque. La casa de caracol, corre una llave, corren por sus trajes. Encuentra al girasol, donde la soledad no te acompañe.
Porque sólo jugando se llega tan alto
porque no imaginamos sino de cuando en cuando.

Es simple pensar en hacerlo, concreto el acero se siente
caliente, muy caliente.