viernes, 21 de enero de 2011

Lo tengo.
ya quisiera yo

Y bien, junté unas hojas, busqué las ramas, armé los ramajes, dupliqué los insectos, y enmarañé telarañas. Estaba listo El Arbusto, hacía falta organizar los recovecos, pronto podría ponerme a buscar dentro de ellos, ¿buscar qué?

Fruto de sequía, nació un mineral colérico. Me sostuvo incólume. Le grité. Ahondamos en los gritos. Paseamos por paseos chiquititos. Sufrimos alaridos, compuestos ya no de gritos, habíanse alegrías. Nos topamos con Los Laberintos. Cabalgamos por ahí, y no logro dejar de cabalgar sin un caballo, tengo ahora al unicornio a un lado y al hombre caballo del otro. El Laberinto sigue siendo útil, le están creciendo arbustos.
si fuera por desatenderte, por atenderme
no estarían ya estas líneas

el sargento, el capitán, naufragaron en las póstumas palabras que me soltaste
qué terrible mi paciencia, qué horrible su extensión, cuántas pobres horas
rico el reloj, dirán
ricas las flechas, les diría

Voy a convertir toda esta más que suficiente paciencia, la desbordante, en un cúmulo más pequeño de soplidos, esta paciencia volcará su ímpetu escondido.

jueves, 6 de enero de 2011

Es la intelectualidad del hombre la que desarrollada puede hacerlo sentir mejor hombre.
Que mediante tal capacidad se atañen los demás altibajos, que durante esa misma vorágine corporal se vislumbren las cimas. Cambiadas las perspectivas, todos entendimos que era un terrible sacrificio mental, pues en desmedro de eso, ocurrió, y -fuera de contexto- ya no es así como canturriamos la magnitud del intelecto. Se produjo un sobre-entendimiento de las psiquicidades, no fue en vano, entendimos que no era un mero sacrificio mental, que más allá había un campo de sensaciones, de olores detestables y que nos obligaban a vivir mejor, nos condujeron a ser empleados de nuestros patrones: el intelecto dominado por el cuerpo, la mente, también olores y sensaciones. El intelecto fuese o no mental, estuvo siempre compuesto por muchas más variables, que no variaban, que había que observar mejor, vuelvo a mi idea de ver.

martes, 4 de enero de 2011


Suerte que las palabras no se gasten, de pronto temí. Porque, sucede que no basta con decir que se malgastarán palabras si con ellas me refiero a lo que no sirve y dejó de aportar cuando empezó a existir. Aclara incómodo si funcionan palabras en favor de un viento amargo.

Si son inagotables, dan espacio a más vientos negros, y ¿qué sería de los vientos blancos si tales palabras no fuesen acaso inagotables? No intento justificar, sólo digo que no malgastaré un vientre vacío. No hablo de miniaturas, sino de magníficos terribles pretenciosos los culpables.

Insoportable la algarabía

Llegado el día, la cuenta, no había un solo crucigrama
nada estaba hecho, tampoco des
tan sólo nada había, y no tenía por qué haber
la poesía estaba incompleta, y para cada quien fue insoportable

Peor aún, nunca hubo tal poesía
producto de nuestra suma algarabía

Y entonces nos quedó un pueblo dibujado en la línea de la palma, no hubo ciudad ni paraje exótico, en su lugar cantidades sorprendentes de girasoles vanidosos, un pueblo para no aparentar, una tierra como en la promesa, melodías instantáneas, mi zapato, tu colibrí.

Emboscada trunca

Buenas nuevas mi sargento
estamos todos reunidos
y no sabemos qué hacer

Buenas nuevas mi sargento
estoy solo con mi pluma
no tengo un coche ni taller

Buenas noches sacramento
tenemos un sargento que oponer

Buenas nuevas nuevas mi sargento
desde aquí le veo el vaivén