jueves, 7 de abril de 2011

olvidó lo del esfuerzo. Ese viejo discurso que se cantaba a sí mismo, que hablaba sobre el valor del esfuerzo, solía manifestar que sólo a través del esfuerzo es que podría valorar la vida misma. Jamás lo vi tan surreal como en aquel momento, cuando ya lo había olvidado. Una especie de plástico, especie como raza.

Conforme al arrastre de un reloj, su manto de irrefutables manifiestos personales se le fueron deshaciendo, pero no tengo la menor idea del argumento. Tampoco creo ganar algo preguntándole donde fueron sus hagallas, no le sería de ayuda recordar tanto. ¡Qué inútil me resulta un análisis que le atañe, pero de lejos!

Me produce un tenso dolor de espalda tener que cargar con sus dolores siendo yo tan diminuta. Siendo yo él.

cualquier cosa puede parecer una jaula, cualquier cosa podría serlo. No me digan que no hay metales en el aire, que no hay vigas que se crucen, que los ocasos no se tocan.

Cualquiera de nosotros se sabe actor fabuloso, la mayoría lo arruina y lo vuelve real todo. No existe peor fatalidad que la del ojo entreabierto, o la de mi sucia mano alzada. Frecuentan posibles, manipulan lo de ayer, gesticulan lo de mañana. Acá las manos no se usan, acá las palmas gozan de libertad, por allá las manos andan tomadas, por ahí se fueron surgiendo, se fueron masticando y apretando unas contra otras, algunas dosis de mandíbulas acalladas.

Por suerte, siempre puedo hacer uso de la suerte, no me queda bien hablarlo.

Si mi granja no fuere a ser real, ¿me mantendría en pie?

martes, 5 de abril de 2011

cosas que uno piensa cuando mira hacia arriba, pero recostado y no en camilla.

Las ideas que cambiarían al mundo, ya no lo cambiarían, si ya bastaron ideas, luego acciones, ahora son acciones con ideas. Cosa difícil de exigir a quienes actúan por poco pensar. Porque si no me equivoco, estaba yo cubierta de hormigas; en el exterior se divertían, por dentro no hubo más que malestar. Por dentro yo de azúcar ya no sabía, mi azúcar se te había esparcido de rodillas.
Pero si se reservaran las ideas, el azúcar y las acciones, tendría entonces que surgir una nueva técnica evaluativa. ¡Y qué va! Si de seguir evaluando se tratara, cuántos pasos ya no servirían.
Propongo una confrontación. Yo no quiero cambiar el mundo, yo pretendo dejarme a mí, y pretender ser del mundo. Porque si no, qué egoísmo más entorpecedor, si somos sorpresa y exasperación, si albergamos mucho más que egoísmo. Nadie conoce de matemáticas y todos se andan contando.