Ando al albedrío de alguien más. Ando sepultando por sepultar no más. Cambiando de máscara según el viento se siente a mi lado, según los árboles me sepan rimar. No sé desde cuándo, no sé por qué se eligen uno a uno los rincones, no entiendo el movimiento ni acepto las trayectorias de desplazamiento.
Divorcio con la tierra, ese era el límite. Amisté con otros planos, lo definitivo nunca llamó mi atención. Pero olvidarse del suburbio emprende mi mal augurio.
Y los hilos que me mueven, no me dejan mover tácita, incorrupta. Las manillas avanzan, desavanzan por cantar, y mis manitos deslizan la jauría natural que me dispongo a avistar. Habremos saltado.
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