Una vez que me ha llegado un sol, no puedo variar muchos segundos hasta que me entren ganas de ir por mi té para visitar este lugar, qué atolondradamente resulta ser lo único que nadie visitará jamás. Como cuando se quiere encender el cigarro, en ese mágico momento en que uno empeña el fuego para horrorizar al tabaco e impulsarlo a dar su primer respiro forzado, en realidad en ningún momento pensaríamos que alguien fuere a arrebatarnos ese momento de dulce embargo; yo así creo que pasa con los lugares que no quisiéramos que alguien hallara, se piensa que son inabordables, se miran como biombos entre lo visitable y lo supuestamente invisible para demás ojos.
Cuando ábrase ante nuestro, algún sol de mañana, ¿ábrase con él un Fa y un La? Yo calculo que un La es -en esta parte tuve que detenerme para verdaderamente ir en la búsqueda de mi té, y probar un La en las seis cuerdas- mi potencial
yo quería decir que me gusta escribir por la mañana y, me costó mucho.
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