jueves, 1 de septiembre de 2011

de pronto no tuve más una corriente. por la mañana no tuve religión, al mediodía ya no tenía ídolos, atardeció sin autoridad y me abrigué con una noche más llena que cualquier día de sol. pero de noche se está solo y nada es tan fácil como si se tuviera un centinela. se procede a procrear consignas que ayuden a dormir, más tarde prosperan ideas que prometen arreglar el paniso que no vemos, porque quedó fuera de la noche individual, pero se arregla. por la mañana la cuesta está encendida de manos que ahora si vemos, no están ya ninguno de los comandantes. con fusil en mano se fueron atando uno a uno los árboles que conformaban esta eximia postal carroñera que no se dio por vencido y se desvela con el viento para enviar pajarotes hacia los días que vengan después.

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