No me gusta pretender, pero pretendo llegar a encontrármela plena, y debe ser porque en su máxima expresión así se muestra, plena. En los ligeros movimientos, que no lo son para mí y ella los pinta como parte de vuelos, una de las clases más particulares de vuelos que se puedan ver, sus vuelos. Porque cuando vuela no vuela sola, y te invita; hoy ya nadie se preocupa de invitar a algo de tamaño costo. Hablo de la manera en que más se desnuda la persona: en su arte. Esa fue la primera vez que la vi pura y sin remordimientos, desde ahí no me la he topado tan surreal. Sé que es un mero desvío de esos que suelen sucederse a estas alturas, bajas alturas. Sé que suele haber un desvío cada ciertos buenos vuelos, y por eso no me preocupa, la conozco tan real y vital, que se me volvió eso, vital. Tanto que no puedo esperar a encontrármela así.
Hoy por hoy los trenes no deleitan con grandes viajes, pero queda el delirio de revivirlos, en eso estamos los amantes de lo que se ha ido, en hacer que vuelva.
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