viernes, 4 de marzo de 2011

Hubo en tal momento una aversión. Tuve que detenerme para examinarla. No pude, y en cambio, comenzó a examinarme ella a mí.

Volteamos papeles y quedé al descubierto, vulnerable a su ojo escéptico de malos tratados, si no hubiere sido como lo calco dejaría que me carcomiese por el resto de los intestinos y aversiones. Es una historia poco recomendable, pero la tiro aquí por la suma importancia de no acabar ahogada por los propios intestinos. Si yo supiera en lo que habría de terminar estas líneas, de seguro no me estaría aventurando, por eso deletreo, porque son justo estas letras desconocidas las que me ahorran susurrar y evocan gritos de delirio.

Propongámoslo así: hormiga y palote. Hormiga entrega esfuerzos en pos de controlar su supervivencia y sale en busca de provisiones. Palote se ubica en su horizonte y le promete ser sostén del camino, promete surtir a la hormiga de apoyo para llegar sana y salva al terreno que tiene su tesoro. Desafortunadamente se trata de una hormiga inexperta, que confunde al palote con otra parte de su camino, simple colorido del lugar. Sorprendida se haya cuando cae en cuenta de la ayuda del palote, sorprendida, cauta y agradecida de la presencia de este ramaje que vive.

La hormiga tiene la responsabilidad de proveer con abrigo y alimento a sus convivientes, no puede desvariar, mucho menos abortar la misión. La gran cuestión será la intención que ambos personajes no comparten: una hormiga desea seguir encontrando palotes en el camino, un palote no está dispuesto a descubrir su identidad de ramaje oculto, el palote espera otras cosas de sus días, y aún no sabe cuáles son tales. Pero las hormigas, y ésta en particular, poseen una fuerza extraterrestre, tiene en cuenta sus intenciones, los objetivos y los llevará a cabo con o sin palotes. No era soberbia, era la cubierta de inconmensurable ilusión. Y tras la ilusión fue que apareció la soberbia, más que nada, miedo. Si las hormigas meditaran más en vez de tanto trabajar, podrían llegar a saber por qué temen. ¡Cuánta subestimación en mi labor!¿Qué tal si las hormigas pudiesen pensar y trabajar perfectamente ambas cosas hacerlas al unísono? Haciendo el papel de hormiga, sería yo una de no muy buen desempeño, llegaría un hormigicida; como palote, feliz.



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