Esta noche ha sido particularmente larga no sabría decir por qué, ni aún sé bien qué me pasó. Nunca vi entero El fantasma de la ópera, pero algo me hace creer que algo de romance trae, y lo mio por ahí va.
Mi pieza, con sus cosas de pieza, la guitarra y las caras pasadas, es testigo de una sensacional experiencia que estoy experimentando. Es un romance fantasmal, y no logro ver en esto lo real y lo imaginario, como suele sucederse por los adentros de mi inacabada cabeza.
Que una fuerza invisible ejerza presión sobre mi cama, podría ser visto como una dosis exagerada de antídotos durante el fin de semana. Pero ni eso. Que nuevamente, una fuerza de extraña procedencia me venga a quitar el sueño de golpe, sin aviso y ¡con melodía! Huele raro. Porque así fue, el fantasma desplegó unos dotes de toca discos que me dejaron transparente.
Me pregunto si mi fantasma, conociendo mi pieza, sea capaz, o más precisamente, tenga la capacidad de hablarme. Me interrogo si podré responder. Aseguro que lo necesito resolver.
Recuerdo haber mencionado al pájaro cantor. Recuerdo mi intención de zurcirle las alas. Vagamente recuerdo el origen de la ilusión.
Los encuentros. Yo los sigo teniendo, inagotablemente, dada la raíz de mis entrañas: pura pasión por lo mágico, y como cada nueva ruta me resulta fascinante, encontrando, las ansias se me apaciguan seda. Un nuevo viaje, la ruta del tesoro, y muchos cuentos de niñez; las fábulas sin castillos, las historias roídas de vejez y papel roñoso. Claramente he ido encontrando sin buscar. Qué fastidio las teorías, y los planes, qué fastidio los resultados cuando marcan el convencional número ferpecto, y sobreterno, qué fastidio manipularse.
Y disfruto
Poder estar a solas en mi pieza, aún estando acompañada.
sería poco recomendable hacer caso omiso de las señales extradimensionales que recibo
no quisiera enemistarme con lo que sea me venga persiguiendo.
También mi cigarro aprisionado por las venas
que estréchense a la altura de estas extensiones de mis hombros
mis hombros no soportarían el peso de la culpa, o del amor,
de no ser por los tabacos fumigados.
Fielmente,
una uva si pepas, o un vaso de chicha
los ojos de alguien
mis zapatos cansados
los oídos atestados de ondas ilusorias
pero más disfruto lo que no veo, y lo que aún no está, todo lo que me vuelva inmortal.
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