si fuera por desatenderte, por atenderme
no estarían ya estas líneas
el sargento, el capitán, naufragaron en las póstumas palabras que me soltaste
qué terrible mi paciencia, qué horrible su extensión, cuántas pobres horas
rico el reloj, dirán
ricas las flechas, les diría
Voy a convertir toda esta más que suficiente paciencia, la desbordante, en un cúmulo más pequeño de soplidos, esta paciencia volcará su ímpetu escondido.
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