viernes, 21 de enero de 2011

Lo tengo.
ya quisiera yo

Y bien, junté unas hojas, busqué las ramas, armé los ramajes, dupliqué los insectos, y enmarañé telarañas. Estaba listo El Arbusto, hacía falta organizar los recovecos, pronto podría ponerme a buscar dentro de ellos, ¿buscar qué?

Fruto de sequía, nació un mineral colérico. Me sostuvo incólume. Le grité. Ahondamos en los gritos. Paseamos por paseos chiquititos. Sufrimos alaridos, compuestos ya no de gritos, habíanse alegrías. Nos topamos con Los Laberintos. Cabalgamos por ahí, y no logro dejar de cabalgar sin un caballo, tengo ahora al unicornio a un lado y al hombre caballo del otro. El Laberinto sigue siendo útil, le están creciendo arbustos.

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