En cualquier otro momento bajo el amparo de la más blanquecina de las auroras, ni yo me creería que estos son sin duda alguna, los momentos más nítidos capaces de ennegrecer el brillo innecesario de los que se extrae la sabia.
Una grieta en un millón, todo visto a gran escala nos aleja. O mejor, me aleja lo grande de mi misma ínfima existencia. Y el ruido que hacen sus órganos para mí no tiene sentido, no más que el revoloteo de los párpados enceguecidos en la justa pero incuantificable dosis de sentidos.
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