lunes, 20 de junio de 2011

Él se está preparando para morir
lo deduje en un simple segundo, aunque yo no deduzca a menudo cosas muy del tipo inteligentes, lo pensé simplemente, no llamemos conclusión a algo que nunca se pensó realmente. jamás había pensado en que él quisiera morir, todo lo contrario.
Como para preparar un burdo cocktail, o un banquete fome, eso sería parte del razonamiento de una mía conclusión. Menos mal nunca pienso antes. Menos mal existen muchos puntos neutros entre los equidistantes que refiero.
Él se está preparando para morir porque está desviviéndose la vida, está jugando para llegar al final de los cuadritos que protegen esas torres, los soldaditos, los caballitos y uno que otro mortal.

viernes, 6 de mayo de 2011

Una vez que me ha llegado un sol, no puedo variar muchos segundos hasta que me entren ganas de ir por mi té para visitar este lugar, qué atolondradamente resulta ser lo único que nadie visitará jamás. Como cuando se quiere encender el cigarro, en ese mágico momento en que uno empeña el fuego para horrorizar al tabaco e impulsarlo a dar su primer respiro forzado, en realidad en ningún momento pensaríamos que alguien fuere a arrebatarnos ese momento de dulce embargo; yo así creo que pasa con los lugares que no quisiéramos que alguien hallara, se piensa que son inabordables, se miran como biombos entre lo visitable y lo supuestamente invisible para demás ojos.

Cuando ábrase ante nuestro, algún sol de mañana, ¿ábrase con él un Fa y un La? Yo calculo que un La es -en esta parte tuve que detenerme para verdaderamente ir en la búsqueda de mi té, y probar un La en las seis cuerdas- mi potencial

yo quería decir que me gusta escribir por la mañana y, me costó mucho.

jueves, 7 de abril de 2011

olvidó lo del esfuerzo. Ese viejo discurso que se cantaba a sí mismo, que hablaba sobre el valor del esfuerzo, solía manifestar que sólo a través del esfuerzo es que podría valorar la vida misma. Jamás lo vi tan surreal como en aquel momento, cuando ya lo había olvidado. Una especie de plástico, especie como raza.

Conforme al arrastre de un reloj, su manto de irrefutables manifiestos personales se le fueron deshaciendo, pero no tengo la menor idea del argumento. Tampoco creo ganar algo preguntándole donde fueron sus hagallas, no le sería de ayuda recordar tanto. ¡Qué inútil me resulta un análisis que le atañe, pero de lejos!

Me produce un tenso dolor de espalda tener que cargar con sus dolores siendo yo tan diminuta. Siendo yo él.

cualquier cosa puede parecer una jaula, cualquier cosa podría serlo. No me digan que no hay metales en el aire, que no hay vigas que se crucen, que los ocasos no se tocan.

Cualquiera de nosotros se sabe actor fabuloso, la mayoría lo arruina y lo vuelve real todo. No existe peor fatalidad que la del ojo entreabierto, o la de mi sucia mano alzada. Frecuentan posibles, manipulan lo de ayer, gesticulan lo de mañana. Acá las manos no se usan, acá las palmas gozan de libertad, por allá las manos andan tomadas, por ahí se fueron surgiendo, se fueron masticando y apretando unas contra otras, algunas dosis de mandíbulas acalladas.

Por suerte, siempre puedo hacer uso de la suerte, no me queda bien hablarlo.

Si mi granja no fuere a ser real, ¿me mantendría en pie?

martes, 5 de abril de 2011

cosas que uno piensa cuando mira hacia arriba, pero recostado y no en camilla.

Las ideas que cambiarían al mundo, ya no lo cambiarían, si ya bastaron ideas, luego acciones, ahora son acciones con ideas. Cosa difícil de exigir a quienes actúan por poco pensar. Porque si no me equivoco, estaba yo cubierta de hormigas; en el exterior se divertían, por dentro no hubo más que malestar. Por dentro yo de azúcar ya no sabía, mi azúcar se te había esparcido de rodillas.
Pero si se reservaran las ideas, el azúcar y las acciones, tendría entonces que surgir una nueva técnica evaluativa. ¡Y qué va! Si de seguir evaluando se tratara, cuántos pasos ya no servirían.
Propongo una confrontación. Yo no quiero cambiar el mundo, yo pretendo dejarme a mí, y pretender ser del mundo. Porque si no, qué egoísmo más entorpecedor, si somos sorpresa y exasperación, si albergamos mucho más que egoísmo. Nadie conoce de matemáticas y todos se andan contando.

martes, 22 de marzo de 2011

Esta noche ha sido particularmente larga no sabría decir por qué, ni aún sé bien qué me pasó. Nunca vi entero El fantasma de la ópera, pero algo me hace creer que algo de romance trae, y lo mio por ahí va.

Mi pieza, con sus cosas de pieza, la guitarra y las caras pasadas, es testigo de una sensacional experiencia que estoy experimentando. Es un romance fantasmal, y no logro ver en esto lo real y lo imaginario, como suele sucederse por los adentros de mi inacabada cabeza.

Que una fuerza invisible ejerza presión sobre mi cama, podría ser visto como una dosis exagerada de antídotos durante el fin de semana. Pero ni eso. Que nuevamente, una fuerza de extraña procedencia me venga a quitar el sueño de golpe, sin aviso y ¡con melodía! Huele raro. Porque así fue, el fantasma desplegó unos dotes de toca discos que me dejaron transparente.

Me pregunto si mi fantasma, conociendo mi pieza, sea capaz, o más precisamente, tenga la capacidad de hablarme. Me interrogo si podré responder. Aseguro que lo necesito resolver.




Recuerdo haber mencionado al pájaro cantor. Recuerdo mi intención de zurcirle las alas. Vagamente recuerdo el origen de la ilusión.

Los encuentros. Yo los sigo teniendo, inagotablemente, dada la raíz de mis entrañas: pura pasión por lo mágico, y como cada nueva ruta me resulta fascinante, encontrando, las ansias se me apaciguan seda. Un nuevo viaje, la ruta del tesoro, y muchos cuentos de niñez; las fábulas sin castillos, las historias roídas de vejez y papel roñoso. Claramente he ido encontrando sin buscar. Qué fastidio las teorías, y los planes, qué fastidio los resultados cuando marcan el convencional número ferpecto, y sobreterno, qué fastidio manipularse.



Y disfruto

Poder estar a solas en mi pieza, aún estando acompañada.
sería poco recomendable hacer caso omiso de las señales extradimensionales que recibo
no quisiera enemistarme con lo que sea me venga persiguiendo.

También mi cigarro aprisionado por las venas
que estréchense a la altura de estas extensiones de mis hombros
mis hombros no soportarían el peso de la culpa, o del amor,
de no ser por los tabacos fumigados.

Fielmente,
una uva si pepas, o un vaso de chicha
los ojos de alguien
mis zapatos cansados
los oídos atestados de ondas ilusorias
pero más disfruto lo que no veo, y lo que aún no está, todo lo que me vuelva inmortal.

viernes, 4 de marzo de 2011

Hubo en tal momento una aversión. Tuve que detenerme para examinarla. No pude, y en cambio, comenzó a examinarme ella a mí.

Volteamos papeles y quedé al descubierto, vulnerable a su ojo escéptico de malos tratados, si no hubiere sido como lo calco dejaría que me carcomiese por el resto de los intestinos y aversiones. Es una historia poco recomendable, pero la tiro aquí por la suma importancia de no acabar ahogada por los propios intestinos. Si yo supiera en lo que habría de terminar estas líneas, de seguro no me estaría aventurando, por eso deletreo, porque son justo estas letras desconocidas las que me ahorran susurrar y evocan gritos de delirio.

Propongámoslo así: hormiga y palote. Hormiga entrega esfuerzos en pos de controlar su supervivencia y sale en busca de provisiones. Palote se ubica en su horizonte y le promete ser sostén del camino, promete surtir a la hormiga de apoyo para llegar sana y salva al terreno que tiene su tesoro. Desafortunadamente se trata de una hormiga inexperta, que confunde al palote con otra parte de su camino, simple colorido del lugar. Sorprendida se haya cuando cae en cuenta de la ayuda del palote, sorprendida, cauta y agradecida de la presencia de este ramaje que vive.

La hormiga tiene la responsabilidad de proveer con abrigo y alimento a sus convivientes, no puede desvariar, mucho menos abortar la misión. La gran cuestión será la intención que ambos personajes no comparten: una hormiga desea seguir encontrando palotes en el camino, un palote no está dispuesto a descubrir su identidad de ramaje oculto, el palote espera otras cosas de sus días, y aún no sabe cuáles son tales. Pero las hormigas, y ésta en particular, poseen una fuerza extraterrestre, tiene en cuenta sus intenciones, los objetivos y los llevará a cabo con o sin palotes. No era soberbia, era la cubierta de inconmensurable ilusión. Y tras la ilusión fue que apareció la soberbia, más que nada, miedo. Si las hormigas meditaran más en vez de tanto trabajar, podrían llegar a saber por qué temen. ¡Cuánta subestimación en mi labor!¿Qué tal si las hormigas pudiesen pensar y trabajar perfectamente ambas cosas hacerlas al unísono? Haciendo el papel de hormiga, sería yo una de no muy buen desempeño, llegaría un hormigicida; como palote, feliz.