domingo, 10 de julio de 2011

Cuando llegue a sentir presión, probablemente tenga que agradecer tanto hacia atrás, que me va a pillar un reloj detenido.

Así que compuse primero mi reloj de muñeca, estaba a la vista molestándome día y noche; mi mujer perdía el control si me quitaba yo el reloj o la argolla.

Así que la mañana siguiente fui al centro comercial, donde en medio de pubertitos pálidos, grasoso y mal peinados, encontré un excelente tatuador a módico precio. El hombre cobró sus diez lucas más un te quiero, y como se trataba de un desconocido, nada me costó abrir ese corazón mío de segundos que lo quería. Me estaba tatuando la argolla, pero mi hijo no estaba en sus clases de oratoria, mi hijo a esas alturas estaba hurgueteando un cajón de armas en el mismo piso en que me tatué una mentira.

Tuve que seguir a mi hijo (con media argolla y menos un te quiero). Mi hijo sintió la presencia de alguien, su paso no estaba solo y tramitaba en su joven mente alguna estrategia para huir a salvo y sin culpas. Mi hijo se sintió presionado, el pobre tenía que agradecer hacia atrás y mi reloj estaba detenido, la bala queda en medio hasta que tenga el valor de no culpar a mi mujer, dejar de presionar a mi hijo y termine un tatuaje. Tenemos tiempo de sobra en el centro comercial, un tatuador y yo, tenemos que querernos más.
A: ¿Por qué un animal como el unicornio les sirve tanto?
H: Puedo intentar uno mejor
M: Pero si ese no lo inventaron, ese unicaballo es de verdad. De a de veritas la criatura algún día existió.
H: Pero de qué te sirve que 'haya existido', que 'haya sido' si al fin de cuentas no lo puedes probar, y es más, se te pueden acercar diez personas como yo cada día a decirte que tu criaturita ya fue, que te ofrecen una nueva, o siquiera eso. Me sorprende que siendo tú tan conocedora seas capaz de caer en semejante nivel de ignorancia.
A: Podrían oler mejor, estoy defecando aquí y no le basta. Voy a probar con el sonido y les voy a comunicar mi presencia física, aparte de ser contenido de su ceguera honda.
Relincha, miran al animal.
H: ¡Qué pretenciosa eres!
M: Yo no hice nada. No pretendo nada tampoco, tu nivel de fantasía es exuberante. Además yo me los imaginaba más tacuacos y bonitos.
H: Qué pretenciosa eres. Y no quiere decir nada malo, pero este montaje, mujer, es de pésimo gusto.
La mujer relincha, el hombre corre a comer azúcar flor y el animal se sienta a ver un debate asiático en televisión.
Y para ser honesto, no le gustó enfermarse ya. Aquellos resfríos pasados en que alguien tenía la paciencia de cuidar de otro cuerpo que no fuese el propio, esos postramientos que se volvían vacaciones pasivas porque la pasaba bien, porque algunos le visitaban arriesgándose, otros que vivían con él y difícilmente podrían safarse de sus alegatos de sufrimiento agónico, finalmente acababan por ceder a los malestares delirantes.

Una ocasión (debió tener no más de diez años), recibió la atenta visita de una abuela para cuidarle. Pero no tuvo mucha suerte y por 'dolerle la guatita' terminó llorando asco por tener en frente una de las exquisiteces de menú para enfermos de su abuela, arroz blanco con mermelada.

Cuando tuvo mejores coartadas, más bacterias en el cuerpo, más experiencia y menos defensas, siguió necesitando compañía o, al menos, auxilio de terceros para safar de sus esporádicas enfermedades no mentales, Y ante la impotencia de tener que recibir tal ayuda, pasaba sus pestes delirando. Pasaba sus pestes delirando. Es que ya había descubierto la fiebre como amiga y propulsora de su nave.


No le gustó enfermarse, se sentía abandonado. Aunque hace años ya había dejado de admirar a G. Samsa, ahora sólo tenía recuerdos y cariño para él, volvió a sentirse así como tachuela negrusca sin movilidad, sin más achuelas a kilómetros.

Tuvo una seria sensación de amor por aquella última persona que hubo cuidado de él. No supo diferenciar ruidos nocturnos esa noche, no iba a poder equilibrar tampoco ese amor contra el horror de sentirse tan humano y menos insecto.

sábado, 9 de julio de 2011

Yo descubrí dónde surgen las estrellas. Lo voy a explicar.

Pasa que un rayo de sol choca con su objetivo, o el objetivo atrae al rayo, o ambas, pero un trayecto. El trayecto tiene escondida toda la luz que con un grito detona el nacimiento de una estrella. Eso que brilla de lejos es pasión viva, y eterno de espacio en espacio.

Paralelo, está mi fantasía. Que no vendría siendo tal, considerando que cualquier situación medio problemática, con o sin drama, siendo en la atmósfera de los seres humanos es finalmente más creada que mis dibujos.

martes, 28 de junio de 2011

Puerta 1, Puerta 2 y Puerta 3, conviven de cerquita toda su respiración, se tratan vulgarmente como fanáticas. Pero que Puerta 1 colinde con Puerta 2, no signifique que puerta 3 esté tan lejos, Puerta 3, por si no lo había notado usted, es la más aprovechada.

Alberto nunca quiso referirse a mí, ni yo a él. Nuestras conversaciones con terceros siempre fueron del tipo banal, lo que cerca y solos nos obligaba a seguir fingiendo terceros. Pero ese tercero siempre fue primero para mí. Hubo una ventana imaginaria entre terceros y A., luego la mesa arrinconada, y más abismantes, nosotros sentados en una ventana real pero con vista hacia los techos, ahí nos hicimos muy amigos maloliendo el vecindario vestido a esas horas de atardecer. A. tuvo sus hijos y me hizo muy feliz.

Puta, había olvidado la puerta del baño.

lunes, 27 de junio de 2011

Me miró el cuerpo cuando estaba cansada, a mí me miró estando yo cansada. Me vio justo cuando los brazos me colgaban junto al cuerpo pero bajo de él, me vio colgando a mi cabeza abajo. Me miró minuiciosamente, admiró mis pies blancos, y más, mi cabeza ya vuelta roja tono azul. Por difícil de creer, aún yo tenía algo azul parpadeante por subir montañas y visitar el sur.

viernes, 24 de junio de 2011

Llenita de miedo la vi
era una gaviota siguiendo un fusil. El fusil mira por delante a su víctima, la gaviota no se anda con rodeos y le sigue cansada y feliz.
Corretea en las ondas ventoleras, funda misiones importantes de convicciones nada sutiles, pero quedóse atascada en el propio errante. Cuando el propio siempre atasca, los fusiles caminan más lento y la gaviota puede alcanzarle más rápido. Y como no hace tiempo la viene rondando, llenita de mares se quiere desvivir, llenita ya no de horrores traídos, llenita de horrores vividos.